April 8, 2009

Hace poquito volví a ver American Beaty con un amigo. De la película hay dos cosas que me emocionan.

  • Por un lado, el sentimiento de maravilla ante la realidad, lo inmenso y bello que es… todo. Es la sensación del friki de la cámara ante la bolsa (que es una metáfora, un ejemplo pequeñito) y de Kevin Spacey ante la foto de su familia.
  • Por otro lado, los últimos momentos de Kevin Spacey que, tras romper con todo, se encuentra consigo mismo y se siente pleno y maravillado. Y se encuentra en lo que le rodea, en su vida, en la que, según dice en una escena anterior, ha estado enterrado los últimos 20 años.

American Beauty exagera las situaciones y los personajes para crear una sátira que nos hace reir al borde del llanto. Chocamos con seres rotos e inestables que, de alguna manera, logran apoyarse unos en otros para mantenerse en pie o al menos para caer acompañados.

Alan Ball (el guionista) juega con piezas que todos llevamos dentro y las representa en sus personajes: la inseguridad adolescente en las dos chicas; la autoimposición de normas externas y cómo nos obligamos a hacer lo que nos duele en Annette Benning; la sumisión al día a día y a la vida que nos ha crecido alrededor, en Kevin Spacey… Como no es posible hacer una historia popular sin dar billetes de salida a personajes atrapados Ball da a cada uno de ellos una vía de escape que en todos los casos es una huida hacia delante radical y exagerada, satírica.

Volviendo a lo que logra emocionarme. Me impresiona ese descubrimiento de la belleza en el “caos” cotidiano, y me gusta mucho que lo expresen los dos personajes que descubren su orden personal en el día a día que se han construido. Y me encanta que la película nos presente el proceso de descubrir el orden personal a través de Kevin Spacey, que viaja desde lo que percibe como el punto más bajo de su vida hasta una cierta plenitud tras tropezar, darse cabezazos, luchar y redescubrirse a sí mismo y a su familia.

En finf, que está mu bien esta peli. En la línea de películones como Ciudad de Dios o Requiem por un Sueño, que podrían contar lo que cuentan con más cuidado, sin tanto tremendismo pero entonces no serían lo que son ni llegarían a quien llegan.

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