May 26, 2009

Cuando leáis esto habré acabado Rayuela, cachis. Es, creo, el primer libro que siento que acabe. Y da igual que pueda leerlo de nuevo.

Es genial, como una vida o un amigo, una sorpresa, un cajón de sastre. Pero se acaba. Aún tengo por delante el repaso de todas las esquinas dobladas, que va a ser como releer mi Rayuela, los trozos que nos han dejado marca a mí y al libro.

Uno de ellos es el Capítulo 7, un regalo que Cortázar te da nada más empezar la novela. En el vídeo lo lee él, creo que es útil escuchar al poeta leer su poema, y el Capítulo 7 es más poema que prosa, porque es como un padre sintiendo a su hijo, pero creo también que sólo al leerlo uno mismo el capítulo termina, el lector lo completa. Os lo dejo debajo para que lo leáis también :P

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

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